La Geometría ConstanteRafael Rondón Narváez

Cuando Santiago Aguirre se dio cuenta de que su vocación fundamental era el arte, se dedicó al estudio en la escuela Cristóbal Rojas. Sin embargo, la instrucción se perfiló en la Angelina Curiel, donde enfocó sus esfuerzos y reflexiones sobre el medio escultórico. Una formación que fue orientada por algunos maestros pero que no ha abandonado nunca la indagación personalizada y autodidacta.

La ruta de su trabajo lo marca la búsqueda constante de la escultura como medio expresivo. Sus inicios se ciñen a la talla en madera y a la representación figurativa con una obra poco conocida, pero de gran fuerza expresiva, en la que dejaba sobre la superficie los registros gestuales logrados a través de los instrumentos de trabajo.

Posteriormente, trabaja la piedra en obras que pierden gradualmente las formas figurativas para quedarse en una insinuación de torsos femeninos. Aparecen la voluptuosidad y curvaturas de la piedra que para ese entonces refería formas orgánicas

Con los años, abandona esas formas para dedicarse a lo que ha sido su constancia: la abstracción geométrica, con la cual se emparenta con una larga tradición venezolana. Y desde esa entonces revisa y reformula esa presencia a través de varias indagaciones. Como conocedor de la escultura y como docente reconoce esa presencia importante en Venezuela y se instala en esta tradición desde hace más de veinte años para formular algunas propuestas novedosas.

En su pesquisa por un discurso propio dentro de la geometría abstracta, Aguirre rescató la madera con la que venía trabajando. Ese trabajo de construir estas precisas figuras, declara su intensión de logar volúmenes esenciales como los triángulos. Para ese entonces, Félix Suazo afirmaba que Aguirre trabajaba con un número reducido de elementos, pero la creación de sus esculturas evidenciaba riqueza por la adición de los diferentes volúmenes, los cuales lograban múltiples tensiones. Una obra que se veía pródiga. Una prodigalidad que se evidenció aun más cuando se dedicó a crear ensamblajes con madera y hierro. Con esas propuestas hacía dialogar los volúmenes y las materias por sus colores y sus texturas. La misma abundancia se notaba por la yuxtaposición de pequeños elementos que quebraran la armonía de los cuerpos, creando ritmos sincopados y disonancias.

Con los años, Aguirre se ha quedado con el hierro como material fundamental para su trabajo y ha ido depurando su obra. Va trabajando esos cuerpos gradualmente hasta la simplicidad de las formas, hacia la decantación de una pieza con los menores elementos compositivos. También se nota en su propuesta el trabajo sobre la superficie donde rehúsa disfrazar el material. Al contrario, vemos los rastros de la oxidación así como las suturas de la soldadura y las huellas del esmeril.

Igualmente, trabaja sobre la concepción de las bases compositivas de la escultura y especialmente con el ritmo que no sólo hace que los cuerpos asciendan desde su base, sino así mismo con la creación de los cuerpos descendentes. Logra formas de atención en las líneas que convergen y la tensión de los volúmenes hacia diferentes puntos de focalización.

En las últimas obras, Aguirre se propone desplazar las características de la escultura y poner en entredicho su condición tridimensional pura, para eso ya venia trabajando los cuerpos que perdían sus volúmenes pesados para convertirse brevemente en líneas que se incorporaban a sus piezas escultóricas. Estos pequeños cuerpos ya se intercalaban como cuñas en sus obras, pero ahora esa brevedad se convierte en formas largas y delegadas que se asemejan a líneas. Gradualmente la presencia se hace más constante, de tal manera que los cuerpos de la obra misma se adelgazan en volúmenes más leves.

También el soporte pierde importancia y la disposición espacial se hace otra. Primero, toma el marco como referencia para convertir su escultura en un objeto que se percibe desde el soporte cuadrado, así mismo, para ser percibido se desplaza el recorrido circular para obligar la dirección apaisada sobre la pared. Sin embargo, los cuerpos sobresalen de ese marco. Por esta vía la escultura se asocia con elementos de otro medio como dibujo y la pesadez propia del hierro pasa a convertirse en materia más etérea. La ilusión óptica de la perspectiva se concreta con elementos del hierro. Las diferentes colocaciones en profundidades crean esa misma idea de la perspectiva de los cuerpos que se entrelazan y se cruzan.

Pero no sólo sobre el soporte deviene esta escultura que Aguirre trabaja ahora. También se borra la base o el pedestal para valorar la suspensión de los cuerpos en formas que recuerdan de manera sintética las lunas y los cuerpos celestes. A pesar de construir todavía las formas geométricas sobre esos cuerpos flotantes, logra la pérdida de la severidad de los pesos de los organismos geométricos. Con esas formas se apropia de manera diferente del espacio, que ahora tiene más presencia a través de los cuerpos. Estas figuras flotantes se apropian de un carácter lúdico, pero asimismo de la ironía de la propia escultura tridimensional. Hacia esa pérdida de materialidad y hacia la propensión de un nuevo espacio gira las apuestas más recientes de este escultor. De cuya constancia dan fe los años de búsqueda. Fiel, como lo sigue siendo, a la abstracción geométrica, sabe que es un heredero de ella y evita de muchas maneras el calco repetido de esa práctica.

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